La generación que prefiere cantar salsa antes que bailarla
Colombia
Salsa

Hay algo que viene cambiando en la salsa desde hace unos años. Todavía no sé si ya encontramos la forma de nombrarlo.
Lo pensé hace poco hablando en entrevista con DJ Efren "Tremendo Guaguancó", alguien que ha estado cerca del fenómeno de las calles del sabor en Cali. En algún momento de la conversación apareció una idea que me quedé dando vueltas después: cada vez más personas prefieren llegar temprano a la calle, cantar salsa con amigos, gastar poco y después, si acaso, terminar la noche en una discoteca.
Se entiende. La calle tiene algo difícil de replicar. Todo se siente más cercano, menos filtrado: La salsa vuelve a sentirse accesible.
Pero mientras hablábamos también empecé a fijarme en otra cosa. La gente se sabía los coros completos. Había percusión improvisada, celulares grabando historias, grupos enteros cantando como si estuvieran en un concierto. Mucha energía.
Y aun así, cada vez veía menos gente bailando de verdad.
O mejor dicho: bailando durante mucho tiempo.
Ahí apareció una pregunta incómoda: ¿y si estamos entrando en una etapa donde bailar ya no es el centro de la experiencia salsera?
La calle volvió a acercar la salsa a mucha gente
Antes de cualquier crítica, hay algo que vale la pena reconocer: Los encuentros al aire libre lograron algo que muchas discotecas dejaron de conseguir hace tiempo: volver a hacer sentir la salsa popular. Hoy alguien puede llegar solo, quedarse un rato, tomarse una cerveza, cantar un par de canciones e irse sintiendo que hizo parte del ambiente aunque nunca haya tomado una clase de baile.
No es raro que esos espacios hayan crecido como crecieron, pues durante años, algunos ambientes salseros empezaron a sentirse intimidantes. Había que saber bailar, tener cierta confianza, aguantar físicamente una noche larga y además atravesar el miedo normal de sentirse torpe frente a otros. La calle rompió buena parte de eso. La entrada a la cultura salsera parece mucho más inmediata ahora. Puedes conectar desde la música, desde el ambiente, desde el parche.
El cuerpo vive distinto la salsa en la calle
Pero al mismo tiempo están cambiando otras cosas, por ejemplo , no es lo mismo bailar durante horas sobre una pista pensada para eso que hacerlo sobre cemento, entre vendedores, gente caminando y grupos apretados. A veces uno ve parejas que apenas logran bailar media canción antes de que alguien las empuje o se atraviese en el espacio.
Parecen detalles pequeños pero terminan modificando bastante la experiencia.
La gente empieza a vestirse distinto, a usar zapatos pensados más para aguantar parado que para deslizarse o girar. Incluso la energía se administra diferente cuando sabes que vas a pasar gran parte de la noche entre multitudes. El cuerpo también cambia la forma en que participa.
Hay personas que terminan viviendo más la salsa desde el coro colectivo, desde grabar historias o desde tocar campanas improvisadas con una botella y una cuchara. A veces basta con estar ahí, rodeado de gente cantando la misma canción, para sentir que ya hiciste parte de la noche.
Y creo que ahí está ocurriendo uno de los cambios más interesantes, porque durante décadas el baile social fue mucho más que entretenimiento.
Antes el baile era una forma de relacionarse
Mucha gente conoció amigos, parejas y comunidades enteras bailando salsa.
Pero había algo muy particular en la dinámica del baile social: obligaba al cuerpo a participar de verdad. Había que aprender a escuchar, improvisar, leer al otro, coordinarse, sostener la conexión durante varias canciones. No era solamente "estar" en el ambiente.
Hoy la diferencia ya no está únicamente entre quienes escuchan salsa y quienes no. La diferencia empieza a aparecer entre quienes viven la salsa desde el cuerpo y quienes la viven desde la energía colectiva. Y las dos experiencias se parecen menos de lo que uno creería.
Una cosa es cantar un coro entre cientos de personas. Otra muy distinta es sostener tres canciones seguidas con alguien, tratando de entenderse sin hablar.
Las redes también empujaron ese cambio
La salsa callejera funciona perfecto en video. Tiene multitud, nostalgia, canciones reconocibles, euforia y momentos fáciles de grabar. Hay noches donde uno siente que algunas personas están más pendientes de capturar el ambiente que de quedarse dentro de la canción.
No es una crítica, es apenas lógico que las experiencias sociales cambien cuando siempre existe la posibilidad de convertirlas en contenido. El problema es que el baile social funciona con otro ritmo. Es más lento, más incómodo al principio, requiere práctica y atención. Y muchas veces las cosas más valiosas que pasan bailando no se ven tan impresionantes desde afuera. Una conexión buena bailando rara vez se vuelve viral.
Tal vez no estamos viendo la muerte del baile
Lo que está pasando es más complejo que decir que "la salsa está muriendo" o que "la calle dañó el baile". La salsa callejera probablemente acercó nuevamente a mucha gente a la música.
Pero sí parece estar cambiando qué significa participar dentro de la cultura salsera.
La calle reúne fácil. Convoca rápido. Hace que cualquiera pueda sentirse parte del ambiente casi de inmediato. Otros espacios siguen sosteniendo algo distinto: el aprendizaje más profundo del baile, la conexión de pareja, el tiempo que toma desarrollar musicalidad, la experiencia física de bailar durante horas.
Ambas cosas van a coexistir. Pero las generaciones más nuevas ya no sienten la misma necesidad de aprender a bailar para sentirse parte del mundo salsero. Y eso, culturalmente, sí cambia bastante las cosas.
Entonces, ¿qué estamos celebrando?
Tal vez la discusión nunca fue si la salsa callejera es buena o mala.
La pregunta interesante es otra: ¿la salsa sigue ocupando el mismo lugar cultural cuando el cuerpo deja de ser el protagonista principal?
Porque mientras miles de personas cantan un coro al tiempo y levantan el celular para grabar el momento, todavía hay parejas buscando un pequeño espacio para seguir bailando entre la multitud. Creo que toda la discusión está ocurriendo exactamente ahí.
